Deerbrook

Es un relato complejo, ya que, si nos ciñéramos a que la novela retrata la sociedad victoriana, podría ser una visión superficial, pues este relato marca un hito en la novela feminista.
El argumento es sencillo: tras perder a sus padres, las hermanas Margaret y Héster Ibbotson llegan al apacible pueblecito de Deerbrook para alojarse con la familia Grey. La autora describe a las hermanas y traza una escena costumbrista del núcleo rural, pero, a través de Héster, Margaret y otros personajes como Morris, María o Hope, se muestra la igual capacidad intelectual de la mujer que del hombre y la injusticia que supone considerarla inferior y reducirla, en caso de trabajar, a unas pocas profesiones.
Vuelca otras de sus ideas, como la de que el matrimonio se debe contraer por confianza y amor mutuo, y que no es solo una cuestión de dinero y descendencia, como era corriente en su época. Por su contenido, también podría considerarse una novela romántica, pues gira en torno al matrimonio de Héster y Margaret, pero tiene también un matiz tragicómico por los enredos de la señora Rowland, que ponen en peligro a mucha gente, incluso a los de su propia familia.
Junto a esto, la autora plasma diálogos y reflexiones entre distintos interlocutores del pueblo: desde el carnicero o la mercera, al médico, los Grey, la institutriz, etc. Otro de los temas es la superstición, y plasma cómo la ignorancia lleva a aquella y arraiga lo mismo entre gente necesitada que acomodada.
Caracteriza y contrapone tipos humanos, quizá de forma muy radical: bondadosos, generosos, frívolos, fuertes, débiles, crédulos, murmuradores, egoístas, hipócritas o francamente malignos, mostrando cómo la maldad o la bondad pueden enraizar en la naturaleza humana.
Es un relato interesante, de gran profundidad y calidad literaria, muy detallista y denso, que recuerda a las novelas de las hermanas Brontë, pero responde a gustos literarios del siglo XIX más que a los de la actualidad; está imbuido de sentido trascendente.
Harriet Martineau (1802-1876) fue una escritora británica. Gracias a que su padre tenía buena situación económica y pertenecía a la Iglesia Unitaria, que apoyaba la instrucción en la mujer, pudo adquirir una buena cultura: sabía latín, italiano, francés y alemán, y también estudió astronomía, historia, física, matemáticas, filosofía y ciencias sociales.
A los 22 años falleció su prometido (permanecería toda su vida soltera). La mala situación económica en la que cayó su familia por la muerte de su padre le obligó a trabajar de costurera para subsistir. A partir de 1830 comenzó a escribir con mucho éxito y se relacionó con los intelectuales de la época. Realizó contribuciones significativas a la economía política, a la sociología, al periodismo, etc.
En 1866 apoyó a Stuart Mill, quien solicitó al Parlamento Británico el derecho al voto de la mujer. Muy pronto se cuestionó la concepción de la deidad, lo que le derivó hacia el ateísmo. Esta novela se publica por primera vez en España.
