Consideraciones morales

Arendt revisita en este ensayo el proceso de Eichmann y la cuestión del mal, la "banalidad del mal", que atribuye a la incapacidad de pensar, la total ausencia de pensamiento. Y en este breve escrito considera que la actividad de pensar, el hábito de reflexionar sobre todo lo que nos rodea, el mundo con la multiplicidad de hechos y de sucesos puede llevarnos a evitar el mal. Hay una distinción entre lo sensible y supra sensible, que es puesto en tela de juicio en la metafísica y filosofía modernas, con sus tesis sobre "la muerte de Dios", el positivismo y el materialismo.
Para Arendt el pensamiento siempre se ocupa de objectos ausentes, sin conexión con la percepción sensible e inmediata. Considera que los pensadores "profesionales" jamás han escrito sobre la experiencia, ya que consideraban que el pensamiento, por su naturaleza, es insuficiente. Por ejemplo, los diálogos de Sócrates son aporéticos, sus argumentaciones no alcanzan ninguna meta, o bien se mueven en círculo. La metodología socrática consistía en despertar a los ciudadanos para el pensamiento. Pensar puede ser peligroso, pero no pensar, será todavía más peligroso.
Termina diciendo que pensar es la capacidad de discernir el bien del mal, lo bello de lo feo. La facultad de juzgar es la capacidad de subsumir los casos particulares bajo reglas generales, capacidad que se puede enseñar y así constituyen hábitos. Así, se pueden prevenir algunas catástrofes en momentos difíciles y peligrosos.
