Noche sagrada

Daisy Clayton, una joven de 15 años, que se escapó de su casa, fue brutalmente asesinada y su cadáver arrojado a un bote como si fuera basura, hace 9 años. Renée Ballard y Harry Bosh investigan su muerte porque el caso quedó archivado y sin resolver. La detective Renée utiliza todo su temple, juventud e instinto para buscar nuevas pruebas que puedan cerrar de una vez este asunto. Harry tiene 70 años y no ha perdido su capacidad de descubrir sicarios con el estilo de un policía tradicional.
Los personajes son el centro de atención. La trama está bien pensada aunque en medio de este asunto aparecen otros muchos incidentes criminales de menor entidad que hacen que se pierda un poco el hilo y el interés. Como siempre, el final es algo inesperado.
Ha sido catalogada por los críticos como una novela que mantiene los engranajes en perfecto movimiento, incluyendo la industria de la pornografía, policías corruptos y un fanático religioso. Aunque es entretenida pierde mucho valor por las escenas explícitas de sexo, algunas totalmente innecesarias para seguir la intriga. El lenguaje en ocasiones es vulgar y grosero. El mundo en que se desenvuelven los detectives para la búsqueda de la verdad es sórdido, se detiene mucho en la pornografía describiendo detalles obscenos. Para quienes somos admiradores de Harry Bosh es una decepción que el autor haya elegido estos derroteros.
