Palabras de vida interior

La vida interior forma parte de la entraña de todo hombre. Tal vez por ello, en una época dominada por la apariencia, la exterioridad y la imagen, se añoran determinadas palabras que son capaces de recuperar la autenticidad, la frescura y la libertad de las cosas y las personas que forman nuestro mundo.
Enzo Bianchi nos ofrece aquí sabrosas reflexiones sobre palabras con las que descender hasta las profundidades de su ser y dotar de sentido su existencia. Transmitidas de la boca al oído, acogidas en el corazón, meditadas y puestas en práctica, palabras como «paciencia», «escucha», «meditación», «ascesis», «silencio», «comunión», «alegría», entretejen un verdadero abecedario de la vida interior que busca la transformación de la persona concreta y de su realidad cotidiana.
Sugerente reflexión, por ejemplo, la que ofrece sobre la paciencia. La paciencia es una prerrogativa divina, Dios es magnánimo, constante, paciente, “lento a la ira”. Para un cristiano la paciencia es “capacidad de ver y de sentir con magnanimidad”, es decir, el arte de acoger y vivir lo inacabado. En este segundo aspecto la paciencia se revela necesariamente como humilde: lleva al hombre a reconocerse como inacabado, y en este sentido se convierte en paciencia con uno mismo; además reconoce que las relaciones con los otros son frágiles e imperfectas, por tanto, se estructura como paciencia con los otros.
