Siete cuentos morales

El autor es premio Nobel de Literatura (2003) y reside en la actualidad en Australia. La presente antología de relatos breves ha sido recopilada seleccionando narraciones de ambiente moderno en las que se plantean –y no siempre se resuelven- temas de índole moral, situaciones en las que cuesta trabajo deslindar el bien del mal. Las dos más amplias aparecieron publicadas con anterioridad: Una mujer que envejece (As a Woman Grows Older, 2003) y La anciana y los gatos (The Old Woman and the Cats, 2013). Las restantes tienen por título: El perro, Una historia, Vanidad, Mentiras y El matadero de cristal. Podemos detenernos por separado y brevemente en el conflicto que plantean:
El perro: una viandante miedosa pide a los dueños de un rottweiler que lo sujeten de forma menos amenazante. Éstos se niegan: -¿Qué derecho tiene Vd. a decirnos lo que debemos hacer? La viandante mira al perro y le dice: -Maldito seas.
Una historia: una joven casada traiciona a su marido una o dos veces por semana, como desahogo de la rutina diaria. Se plantea si este adulterio, que satisface su bienestar, es una infidelidad. ¿Qué tiene de malo? Ella siente que puede querer a dos hombres a la vez…
Vanidad: una mujer de 65 años un día se tiñe el pelo, se maquilla y se pone guapa, para sentirse bien. Sus hijos se lo reprochan como algo improcedente. La madre no entiende porqué se lo prohíben…
Una mujer que envejece: una viuda que vive en Australia y tras años de separación se reúne en Niza con sus dos hijos: la chica, residente en esa ciudad, y el chico, que vive en Estados Unidos. Ambos la invitan, con educadas palabras, a no vivir sola, sino con uno de ellos, y la madre lo entiende como una sentencia de muerte próxima. La escena es ocasión de reflexionar sobre el sentido de la propia vida, cuando se tiene un puro horizonte materialista, intramundano, como les sucede a los tres protagonistas de la historia. Coetzee –como relator omnisciente- les dejará perplejos y dubitativos.
La anciana y los gatos: en el relato se cuestiona la licitud de sacrificar a los animales –que para los protagonistas de la historia tienen un alma semejante a la humana- para alimentarse de ellos. Abundan los comentarios desacertados de una bioética que busca basarse en un punto de partida ateo y en afirmaciones de un malentendido hilemorfismo.
Mentiras: el relato continúa, en 6 páginas más, la trama de Una mujer que envejece.
El matadero de cristal: este cuentecillo final amplía la temática de La anciana y los gatos, que Coetzee vuelve a plantearse, al reiterar, con escasos añadidos, las consideraciones sobre la deshonestidad implícita en disponer de vidas ajenas (las de los animales) para nuestro provecho. En la presente historia Coetzee se manifiesta decidido reprobador –por boca de sus personajes- de la dieta carnívora: los animales sufren, tienen derechos, quizá piensen, y su existir (cita de lejos a Descartes y Heidegger) está abierto a un mundo subjetivo cargado de plenitud…
