La infancia de Jesús

Novilla es un puerto localizado en una nación de habla castellana, al que llegan David, un chico de cinco años, y Simón, un adulto de unos cuarenta. Ni siquiera sabremos que se llamaban así: fue el nombre que les dieron en el Centro de Reubicación Novilla, que les acogió al desembarcar como inmigrantes que proceden de no sabremos qué país. Simón se cuida de David, al parecer huérfano. Novilla es una ciudad extraña, con habitantes sencillos, acogedores, pero reservados. Allí todo parece funcionar en el más estricto orden, con normas indiscutidas que estan al servicio de una utopía perfecta: es un país vegetariano, con cierta concepción ascética de la vida. En Novilla la gente no tiene recuerdos, los deseos personales y los placeres se desarrollan con una templanza que más bien es indiferencia ante los impulsos vitales. No hay pasión por investigar o progresar científicamente.
En ese clima y durante un año David va creciendo con el cariño de Simón, su padre adoptivo, y de Inés, su absorbente y sobreprotectora madre adoptiva, que nunca dice que no a los cada vez más extraños caprichos de David. La crisis llega cuando David se enfrenta contra quienes quieren educarle en los moldes sociales descritos: esto llega al punto de inventarse el niño otra filosofía paradójica, otra escritura, otras matemáticas (una vez asimiladas y despreciadas las ciencias ordinarias escolares). Y la novela termina sin que sepamos en qué parará todo ello: el relato da a entender que el niño (personaje extraño, con "poderes”) quizá tenga la razón. Y todo esto deja en el lector el regusto de que se trata de una figura simbólica del Niño Jesús, con unos tutores que no son sus padres, y un destino que le lleva a ser signo de contradicción, todo ello a nivel intramundano.
El argumento se vuelca en una pregunta "angustiosa": ¿y si al final de todo, la verdad está en un mundo que ahora me parece absurdo, y lo consuetudinario de las verdades establecidas es algo desechable y caduco?
F.J. (2014)
