Ibáñez Langlois, con su característico estilo de recurrir a la lógica y a la poesía, presenta los principios conocidos de la doctrina católica sobre el dolor con un lenguaje actual para descifrar situaciones también de nuestro tiempo.
El dolor es inherente al hombre y pocas religiones y filosofías han conseguido encontrar una explicación profunda. En la doctrina católica, el dolor solo se puede entender unido a la Cruz de Cristo y, por ello, nuestra capacidad de aceptar contrariedades está en relación directa con nuestro amor a Dios.
El dolor carece de bondad o de maldad propia y depende enteramente de cómo se acepte, reciba o padezca cada persona y lo que haga con él. Para Ibáñez Langlois, “libertad, dolor, amor son un trío inseparable. O la creación divina hacía posibles los tres, o ninguno, es decir, la nada” (p. 53).
El autor presenta en el libro las mil caras del dolor y el sufrimiento en el mundo de hoy. Su objetivo no es únicamente explicar el enigma del sufrimiento, también intenta vislumbrar su sentido, aunque su fondo permanece inaccesible.
El sufrimiento no es fácil de interpretar en una sociedad “culturalmente cristiana” que se caracteriza por huir del dolor y se asusta y no comprende el sufrimiento, acostumbrada a eliminar lo que le incomoda.
Por eso, en la penumbra del entendimiento, el sentido del dolor puede ser incomprensible y precisa la búsqueda del sentido teologal que se mueve entre la fe en la divina Providencia, el amor a Dios y al prójimo, la expiación de los pecados propios y ajenos, la purificación del alma y la persona de Cristo crucificado, muerto y resucitado.
Fuera del Gólgota hay atisbos, se vislumbra, pero solo la Cruz puede revelar el porqué.