
El objetivo del libro es desentrañar las diferencias entre Ser varón y ser mujer como señala el subtítulo. La antropología actual tiene como uno de sus temas principales esta materia que aún se sigue investigando tanto en las ciencias empíricas como en las humanas. Hay un acuerdo prácticamente unánime sobre la igualdad radical entre ambos. La autora aborda el análisis de la diferencia varón-mujer, que se suele llamar estudio de género, sin separarlo del concepto de persona. Su perspectiva es eminentemente metafísica y es novedosa puesto que la filosofía se ha ocupado muy poco de pensar sobre esta diferencia.
Su tesis, como la de Julián Marías, es que ser varón y ser mujer son dos modos de ser persona, es decir que se trata de personas distintas. Para fundamentar la afirmación hace un estudio desde la noción misma de persona para descubrir cómo es posible y en qué consiste en este ámbito la diferencia. Eligió la antropología de Xavier Zubiri quien vertebró su producción en torno a la noción de persona pero no se detuvo a estudiar la condición sexuada del ser humano. Por eso es sólo una hipótesis que la antropología zubiriana podría ser la base metafísica de la cuestión. No afirma que ésta sería su respuesta, sólo se aventura a ir más allá del pensamiento de este autor para ver si encierra la potencialidad para desarrollar esta hipótesis. Se trata de proseguir el pensamiento de Zubiri en una de sus posibles vías. Algunos expertos en este filósofo podrían legítimamente estar en desacuerdo.
Lo primero a indagar es en qué consiste la diferencia; enseguida hay que explicar la reciprocidad peculiar que se da entre varón y mujer, que supone dos modos diversos de ser activos, y delimitar qué ha de entenderse por complementariedad y cuál es su fundamento. Es imprescindible llegar a focalizar el nivel radical de la distinción. El nivel de la igualdad está claro: ambos son persona y ambos participan de la misma naturaleza; además tienen una común misión que es la familia y el dominio del mundo.
Lo medular es señalar el estatuto ontológico de la condición sexuada. La autora no está de acuerdo con la consideración de Aristóteles quien afirma que es un accidente inseparable del sujeto, porque no explica las profundas connotaciones que la ciencia contemporánea está encontrando en la sexualidad que abarcan aspectos relacionados con la comunicación interpersonal. La sexualidad es -además de medio para la reproducción- una forma de expresar el amor, que se da únicamente entre las personas.
Para Zubiri la estructura última del ser estriba en la articulación entre intimidad, originación y comunicación. La primera diferencia entre cosmos y persona es que la esencia de aquél es cerrada frente a la esencia abierta de cada una de las personas. La segunda es que la persona tiene su realidad en propiedad. En tercer lugar está la inteligencia.
La persona es un ser-con, o realidad-con. Esto da lugar a la comunión de personas. Las personas se compenetran. La unidad superior de esta compenetración se da en el amor sexual. Los demás forman parte intrínseca de cada persona. Esto tiene repercusiones trascendentales. Es la realidad humana, en tanto que realidad, la que es afectada por los demás.
Si la persona es ser-con, o ser-para, la relación escondida tras el para sería una dirección. Pero esa dirección va en dos sentidos que resultan complementarios: uno tiene sentido en función del otro. La dirección del varón parece indicar salida, y la dirección opuesta y complementaria, la de la mujer, parece significar reposo. Esa diferencia los entrelaza de tal modo que de su unión se deriva la fecundidad, no solo en la procreación sino en todos los campos.
La diferencia entre masculinidad y feminidad es diferencia primera e intrínseca del ser-con humano. Marca en el ámbito trascendental un tipo de apertura, no exactamente igual en un sentido y en otro, que los enlaza fecunda y complementariamente. Entonces la masculinidad y la feminidad son una habitud de las del modo de comunión personal, que incluye una relación ontológica. Dicho en lenguaje zubiriano habría que caracterizar a la masculinidad en su realidad personal con una apertura que fuera REALIDAD-DESDE, y a la feminidad como REALIDAD-EN.
Tanto el varón como la mujer están constituidos por una apertura personal, pero en el varón esa apertura implica DIRECCIÓN HACIA y en la mujer ACOGIDA. La principal diferencia entre varón y mujer, radica en ser dos tipos de personas distintas que se abren entre sí de un modo respectivo, diferente y complementario. Esto da lugar a una comunión de personas más profunda, que por ser complementaria conlleva una profunda unidad en la pluralidad de los distintos, de la que derivan diversos modos de fecundidad.
Es una lectura que requiere profundos conocimientos filosóficos. Se ve hondura, rigor y esfuerzo intelectual en la investigación. Tiene el mérito de aventurarse en un tema difícil y poco estudiado y lanzar una propuesta. Independientemente de que se esté o no de acuerdo con la antropología de Zubiri y con las conclusiones del libro, se puede afirmar que es un trabajo valioso, en un tema con muchas repercusiones para la concepción del hombre y de la mujer, de la familia, de la sociedad y que hace frente al feminismo radical.