
La historia se ambienta en Vermont, una población muy pequeña, ya cerca de la frontera de Estados Unidos con Canadá. Se señala que la población vive segura y que no ocurren cosas que requieran a la policía, pero al aparecer una chica asesinada, lo investigan dos inspectores de policía.
Todos los habitantes están tensos y, entre las familias, surgen recelos y sospechas, ya que muchos tuvieron ocasión de cometer el crimen. Aunque al principio parece una historia de adolescentes (una de las protagonistas tiene 13 años), muy metidos en un mundo en el que no entran los adultos, van apareciendo complicaciones que pueden tener que ver con el asesinato, no solo los movimientos del novio de Diana, la chica asesinada, sino que el director de la escuela no sigue el protocolo en protección de menores, un caso de acoso, un asesino que se esconde en Vermont…, pero no hay pruebas suficientes para acusar a nadie.
Al final se descubre al asesino por casualidad. El caso se resuelve en pocos días y esto hace más adictiva la lectura, pues además el libro, como en otros de la autora, se estructura en capítulos breves.
No parece que este libro tenga aspiraciones literarias. Se dan como normales las relaciones sexuales en la adolescencia y se pone en duda la autoridad de unos padres que son sobreprotectores.