Pensadores temerarios. Los intelectuales en la política

[The Reckless Mind. Intellectuals in Politics]
Año: 
1997
Género: 
Público: 
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.

El libro es un ensayo que, en último término, busca proteger el ámbito de la política de las “utopías ideológicas” o de la creación de “estados éticos”. Lilla considera que, para hacer política, es necesaria la apertura a la realidad y al debate público; y estas condiciones son incompatibles con la ideología, que se considera absolutamente verdadera y se niega a ser susceptible de revisión. De este modo, la ideología tiende a imponer sus esquemas en el orden político. El autor dedica relativamente poco espacio a explicar esta tesis: la mayor parte del libro expone los retratos de diversos intelectuales del s. XX que sucumbieron a la “tentación totalitaria”. En capítulos independientes, vemos personas de indudable capacidad intelectual (Heidegger, Schmitt, Kojève, Foucault, Derrida, Benjamin) que acabaron por traicionar el amor a la verdad por el amor a sus principios; y con esa traición se enemistaron para siempre de la realidad. Intelectuales que evitaron sus responsabilidades, y no vieron –o no quisieron ver– las aberraciones de los totalitarismo, o la tozudez con que los hechos negaban sus teorías. Como Lilla señala, no están todos los que podrían estar (ni siquiera están los “intelectuales políticos” más destacados), pero se trata de una elección hecha a conciencia: el autor pretende destacar que nadie está libre de la “tentación de Siracusa”. De ahí que, al final, el lector –más que con la teoría final, que requeriría ser desarrollada para ver cómo se entiende el “debate público” o la relación de la política con las propias convicciones– se quede con esos ejemplos concretos en los que el amor a la verdad degeneró en ideología, y la ideología mató a la filosofía.
J.V. (2011)