
El autor es un médico británico experto en salud pública; fue enviado a Sudán en 2003 como representante de la ONU; parecía inminente la paz entre el gobierno y las fuerzas opositoras. Su biografía ayuda a entender su forma de pensar y actuar. Nació en la India en 1955 y conoció de cerca la pobreza; con una beca, estudió en Reino Unido. La honestidad la aprendió en su familia desde su infancia. Su misión en Sudán parecía llevadera. Pero la realidad que percibió era otra.
Su misión como médico se vio trastocada por un conflicto en el oeste, en Darfur; paramilitares, con apoyo gubernamental, arrasaban núcleos de población de color con crueldad. Si no se detenía esa situación, se produciría un genocidio. El autor intenta, como delegado de la ONU, que este organismo evite la crisis que veía llegar. No tomar parte activa en un conflicto interno y evitar una masacre no es sencillo. El jefe debe tener datos sobre el terreno que le facilite una información fiable para su tarea. Viaja, habla con unos y otros y evita ser espiado por el gobierno.
A su llegada ya hubo intentos de involucrarle en la corrupción. No se dejó manipular; tiene la experiencia de otras crisis que ha visto. Logra ayuda de personas que arriesgan su carrera profesional, pero son pocos. En sus viajes por países de Occidente y en la sede de la ONU, percibe que tienen datos sobre lo que ocurre, pero evitan implicarse; quieren que él se limite a ser observador, aunque prevea una masacre. Mukesh Kapila sabe el riesgo que corre, en su carrera profesional y en su vida. Ha recibido amenazas, intentos de asesinarle, etc. Cuando, para tareas necesarias, se sale del rol previsto, sus días en Sudán están contados. Será la ONU quien lo retire o el gobierno pedirá su relevo. Como recurso final, busca movilizar la opinión pública y concede entrevistas a medios de comunicación.