
Dice Enrique García-Máiquez en uno de los poemas del libro: Yo soy un hombre de extremos: // el haiku de Extremo Oriente // y, de Occidente, el flamenco. Y así es, ya que se trata de textos breves, unos de tono aforístico, otros en que reluce más el cantar (Cada vez que nos queremos // me da pena no quererte // como sabes que te quiero), sobre lo divino y lo humano.
En unos y otros, el ingenio, la ironía, la reflexión sugerente a raíz de sucesos cotidianos, la gratitud por la vida, el asombro ante la belleza (Y qué maneras // de decir el silencio // tiene la rosa). Recursos muy variados, tanto por las imágenes como por el ritmo, las rimas, etc.
La contemplación de la naturaleza es también un aspecto destacable (poemas sobre la luna, el mar, algunos viajes...). La buena poesía nos eleva, nos ayuda a trascender lo cotidiano, en este poemario, además, de un modo incluso divertido y cordial.
Prólogo de Luis Rosales Fouz, hijo del poeta Luis Rosales.