
Narración en forma epistolar entre un profesor de filosofía (el propio autor) y una antigua alumna, Nuria. No se trata de un mero tratado antropológico sobre la vida y la muerte, sino sobre cómo una vida que se apaga descubre, a través de la cercanía, la llave que abre la puerta hacia la esperanza. Nuria está enferma y busca a alguien con quien compartir sus momentos de aflicción, pero no para conseguir compasión, sino para llenar el tiempo en aquello que le haga entender el por qué del sufrimiento y, por qué negarlo, para entender el sentido de la muerte, comprenderla y aceptarla. Se pone en contacto con su antiguo profesor y se inicia un trayecto a través del tiempo de la historia de la filosofía y de cómo algunos autores enfocaban el tema de la muerte.
Sin embargo, a medida que la narración avanza, el sentido de la muerte como la meta que lleva a la nada no parece convencer del todo a la protagonista. Poco a poco, y así como la Providencia acostumbra a hacerse presente, de forma silenciosa pero atrevida, la noción cristiana de la vida y la muerte deja paso a una reflexión profunda que desemboca en la escena de la muerte de Jesús en la Cruz. Es realmente motivador como el profesor va guiando con prudencia pero con fuerza a Nuria para adentrarla en el verdadero sentido no sólo de la enfermedad y del dolor, sino también en la esperanza del cristiano hacia la vida eterna.
Delicada narración que introduce al lector en un escenario que vale la pena no perder de vista por cuanto la muerte es la verdad más certera que tenemos. Dios nos habla de muchas formas pero sólo cuando estamos bien dispuestos, abiertos a la Verdad y preparados, aunque sea con ciertas reticencias, lanza el anzuelo que sabe a ciencia cierta que no despreciaremos.