
Es un ensayo directo, bien enfocado y muy oportuno. Rodrigo Tena pone el dedo en una llaga evidente de nuestro tiempo: la tendencia creciente a eludir las consecuencias de los propios actos, tanto en la vida personal como en la esfera pública.
El libro analiza cómo esta “huida” se manifiesta en distintos ámbitos: la política, la justicia, la economía e incluso en la vida cotidiana. Poco a poco se ha ido imponiendo una cultura en la que nadie parece responsable de nada; siempre hay un sistema, una estructura o una circunstancia a la que culpar. Frente a esto, Tena reivindica algo muy básico, pero hoy debilitado: la responsabilidad individual como fundamento de la libertad y de una sociedad sana.
La obra destaca por su claridad. No se pierde en teorías abstractas, sino que baja a ejemplos concretos y situaciones reconocibles. Tiene, además, un tono sobrio, sin estridencias, lo que le da más fuerza: no necesita exagerar para convencer.
Ahora bien, no es un libro perfecto. En algunos pasajes simplifica problemas complejos y podría profundizar más en las raíces culturales y antropológicas del fenómeno que describe. Aun así, su diagnóstico es certero y, sobre todo, necesario.
El valor principal del libro está en recordar una verdad que conviene repetir: sin responsabilidad personal no hay verdadera libertad. Y cuando una sociedad olvida esto, empieza a debilitarse por dentro.