
Greene fue uno de los escritores más leídos en los años 1950 y 1960, y muchas de sus obras se llevaron al cine. Se le ha considerado un escritor católico, aunque sus personajes y sus creencias dejan muchas dudas al respecto.
En «El americano tranquilo» repite la personalidad característica de sus personajes, amorales, cínicos y, sobre todo, escépticos y muy críticos con la religión y con Dios. El periodista Thomas Fowler, casado en Inglaterra, vive en Saigón con su amante Phuong, capital de una Indochina ocupada por Francia en guerra con el Vietminh. Corre el año 1955; la ciudad es un hervidero de políticos, negociantes, militares y espías.
Precisamente coincide con la llegada de un enviado estadounidense, Alden Pyle, para trabajar en la delegación de ayuda económica a Indochina. Nada más conocerse, Pyle se enamora de Phuong y le insiste a Fowler que se la debe ceder. La relación entre ambos es irónica, pues mantienen una relación cordial e incluso de ayuda mutua, a pesar del desprecio que sienten el uno por el otro.
Un triángulo que representa, de alguna manera, el colonialismo —muy criticado en la novela— y el proceder de las potencias internacionales en países convertidos en tableros de ajedrez y en mercados de compra y venta de todo, y a cualquier precio.