
Matar a un periodista es un libro incómodo y necesario. Terry Gould se adentra en el mundo del periodismo cuando deja de ser una profesión protegida por el prestigio social y se convierte en una actividad de alto riesgo, especialmente allí donde el crimen organizado, la corrupción política y la impunidad mandan. No es una obra de denuncia grandilocuente ni un panfleto ideológico: es una investigación sólida, bien documentada y narrada con pulso, que pone rostro y circunstancias concretas a periodistas asesinados por hacer su trabajo con honradez.
Gould escribe con oficio y sobriedad. Reconstruye casos, contextos y estructuras de poder sin recrearse en el morbo ni caer en sentimentalismos fáciles. Lo que emerge es una reflexión profunda sobre la fragilidad de la verdad cuando no existen instituciones fuertes ni una cultura cívica que la respalde. El libro muestra cómo la libertad de prensa no se pierde de golpe, sino por erosión: primero el miedo, luego el silencio, finalmente la normalización de la violencia.
Vale la pena leerlo porque obliga a mirar de frente una realidad que muchos prefieren ignorar: informar con rectitud puede costar la vida, y no solo en países lejanos o exóticos. Es una obra que interpela la conciencia del lector, defiende el valor del deber bien hecho y recuerda que la verdad necesita hombres y mujeres dispuestos a pagar un precio por ella. Un libro serio, sobrio y moralmente exigente, que deja poso y llama a la responsabilidad personal y social.