
La novela se adentra en el mundo de los televangelistas y el negocio de la religión. El protagonista, conocido simplemente como El Predicador, comienza su camino espiritual en Vietnam, con ideales de paz y amor. Pero al regresar a EE. UU., funda una iglesia donde el culto se mezcla con sexo, drogas y espectáculo.
A medida que su fama crece, se convierte en una figura mediática respaldada por millonarios y adorada por las masas. Sin embargo, en su interior lucha con una conciencia culpable que lo lleva a enfrentarse a la hipocresía del sistema que él mismo ha ayudado a construir.
El Predicador de Harold Robbins no se enfoca directamente en criticar a la Iglesia Católica como institución, sino que hace una crítica más amplia al fenómeno de los televangelistas y al uso comercial de la religión en Estados Unidos. El protagonista representa una figura religiosa carismática que mezcla espiritualidad con espectáculo, dinero y escándalos, lo que pone en evidencia la hipocresía y corrupción que puede surgir cuando la fe se convierte en negocio.