
El subtítulo del libro explica bien el contenido: Por qué mi hijo es considerado un santo. La vida de Carlo fue un regalo de Dios y su madre la cuenta en primera persona. Aprovecha para dar doctrina sobre los temas que habla pensando en los lectores jóvenes o con menos formación cristiana. Carlo falleció de 15 años, el 12 de octubre de 2006, con leucemia promieloática que le provocó una hemorragia cerebral. Estaba internado en un hospital especializado en Milán, donde pasó la mayor parte de su vida.
Su secreto fue el amor a Dios que le llevaba a estar siempre orientado hacia Él y por Él hacia los demás, de modo particular a los pobres y a los más vulnerables. Cristo era el centro de su vida, por lo que era un alma profundamente eucarística. Tenía devoción grande a la Santísima Virgen, a su ángel de la guarda y a las almas del purgatorio. Solía frecuentar los sacramentos, además de la Comunión, la confesión semanal. Rezaba el rosario, le gustaba leer diariamente los Evangelios. Tenía especial interés en la unidad de los cristianos.
Por lo demás era un chico normal, sencillo, buen estudiante, divertido, que utilizaba las redes sociales y su sitio web para hablar de Dios. Daba catecismo. Animaba a sus amigos y compañeros a vivir la castidad. Cuando empezó a sentirse mal, sin saber el diagnóstico dijo proféticamente: “Ofrezco mis sufrimientos por el Papa, por la Iglesia, para no ir al purgatorio e ir directamente al cielo”. Su madre señala que vivía las virtudes en grado heroico, de modo especial la entrega, la humildad y la docilidad. Su enfermedad la vivió de modo ejemplar, sin quejas, con una sonrisa y abandono en las manos de Dios. A su funeral asistió muchísima gente que se veía afectada porque Carlo se hacía querer y quería mucho a todos.