
El autor de esta Historia de la Humanidad es catedrático de Global History en la Universidad de Oxford y director del Centre for Byzantine Research de la misma Universidad. En 2012 publicó The First Crusade.
El empeño patente de Frankopan por renovar las usuales Historias de la Humanidad por medio de periodizaciones y criterios geopolíticos diferentes a los usuales ha cuajado en el presente volumen, centrado en lo que el autor llama con acierto Los caminos de la seda. Estos itinerarios de la seda son las principales vías de comercio que a lo largo de los siglos configuraron la mezcla de civilizaciones y los intercambios de dominio. Buena prueba del rigor con el que Frankopan aplica esta forma alternativa de ver la historia es, no solo los diversos capítulos con los que distribuye la materia (La ruta de las pieles, La ruta de los esclavos, La ruta del oro, La ruta de la plata, La ruta del oro negro, La ruta del trigo, y veinte títulos más del mismo tenor), sino la tranquilidad con la que suprime de un plumazo figuras de la Historia tan claves como Marx, Napoleón, Julio César o Felipe II, concediéndoles una simple mención marginal. Con los mismos criterios, se desinteresa de la ideología marxista (responsable de centenares de millones de víctimas, hasta ahora), suprime el tema de la Edad Media en Europa o analiza la Primera Guerra Mundial sólo bajo la óptica del origen y desarrollo de las grandes compañías petroleras occidentales, sin citar siguiera las víctimas que en esos años hizo la gripe. En la misma longitud de onda, el lector hallará en este texto el doble de páginas dedicadas a Irak o a Irán que a Inglaterra, Estados Unidos o España; al islam, que al cristianismo; al imperio persa que al imperio romano. El esfuerzo bélico de los Estados Unidos en el Vietnam también desaparece.
El corazón del mundo no es, sin embargo, una exclusiva historia de la economía, lo que justificaría dejar en el tintero todo lo que acabamos de citar. Se trata, por lo que consta en estas páginas, de una opción radical, que considera las vías de comercio como la dimensión esencial de la actividad humana a lo largo de los siglos, por encima de afanes de arte, amor interpersonal, religión, ideología o cultura. Con frecuencia hallaremos en el libro referencias a la universal difusión del comercio de esclavos, lo mismo entre cristianos que entre musulmanes o partidarios de Buda y Confucio. Las descripciones sobre este tema son escalofriantes y el lector queda convencido de que este comercio ha sido siempre el eje de la economía mundial, la principal moneda de cambio, el recurso siempre más buscado y la prueba de que, a la hora de la verdad, al hombre no le interesan más que las dimensiones y necesidades de su biología animal.
El libro contiene una óptica unilateral economicista que, sin prejuzgar la intención del autor, despoja positivamente de valor a los demás factores que construyen la libre historia humana: amor y defensa de la patria amenazada, fe religiosa, orgullo de raza o familia, lealtad a carismáticos que suscitan adhesiones a su ideal y -hasta si se quiere- afán de enriquecer (mesianismo) a otros con bienes espirituales. Todo cuenta, hasta el tamaño de la nariz de Cleopatra.