
El presente libro descubre al lector un aspecto de la vida humana poco valorado actualmente, pues nos movemos entre rutinas y prisas: la capacidad de admirarse. Miguel A. Martí propugna la necesidad de pasar -en expresión de L. Polo- de lo consabido a lo sabido: no basta con tomar nota de lo que está ahí: hay que saber mirar y vencer los obstáculos que hoy trabajan en contra de esa mirada sosegada y poética que nos hará más felices. La parte principal del libro se dedica a sugerir ámbitos de admiración: riquezas humanas interiores y exteriores, dignas de ser gustadas con agradecimiento: por ejemplo, entre las primeras, las virtudes clásicas de sencillez, austeridad, paz, elegancia, solidaridad, etc., y entre las externas, el estudio, las cosas bien hechas, los amigos, los niños, los enfermos, el tiempo, el paisaje, el silencio…