
Cabe pensar que la lectura puede llevar al aislamiento, ya que se trata de una tarea individual, solitaria normalmente, en la que el lector se encuentra a solas con el autor. ¿Una ocupación un poco egoísta? Esto dependerá de los motivos de cada cual, sin embargo, pienso que no es así.
La lectura de buenos libros nos enriquece, nos hace más sabios, más cultos y nos ayuda a expresarnos mejor, beneficios que redundan beneficiosamente en el trato con los demás, con los que podemos compartir lo que a nosotros nos ha enriquecido.
Además, hay un medio muy asequible de convertir la lectura en algo solidario. Me refiero a las tertulias literarias. Un grupo de amigos se reúne periódicamente (una vez al mes, por ejemplo), en casa de uno, en un bar, o en cualquier otro local adecuado. Se elige un libro, clásico, moderno, de literatura, historia, ensayo…, según los gustos de los participantes, para leerlo y comentarlo.
Al reunirse en el lugar, la fecha y la hora convenidos, unos lo habrán leído, quizá otros no o no hayan terminado de leerlo, pero, en cualquier caso, se establecerá un diálogo lleno de sugerencias, con los puntos de vista de cada uno, que, además, suele dar pie a hablar de otras obras, de cine, de música, de exposiciones... Si acude gente de edades diversas, mejor aún, para contrastar los pareceres de jóvenes y de mayores.
Cabe, además, la posibilidad de invitar de vez en cuando a un autor, a un traductor, a un editor…, que nos hablen de su trabajo y respondan a las preguntas de los asistentes a la tertulia.
Mi experiencia en este tipo de actividades es que son muy gratificantes y amenas para todos.
Luis Ramoneda, (España, 2026)