
Laredo (Cantabria), verano de 2020, todavía viviendo los últimos coletazos del COVID. Diego acaba de terminar su licenciatura y ha sido contratado como becario por El Diario Montañés para realizar algunas entrevistas a personas con cierta relevancia de la zona. Conforme realiza las entrevistas, comprueba la situación de la sociedad actual, el reflejo de la misma entre sus amigos y en sí mismo. Al tiempo que empieza su andadura profesional, se hace preguntas sobre su vida y su futuro, y conocemos su situación familiar, con un abuelo enfermo en su casa, su padre trabajando muy duramente en su frutería y viendo con malos ojos que Diego no quiera sucederle en el negocio...
Estamos ante una novela muy amable de leer, bien escrita y con cierta profundidad. En realidad, no es una historia con final (aunque el epílogo intenta ser una especie de cierre), sino un retrato costumbrista de la vida de un joven normal que enfrenta su primer trabajo con ilusión y se pregunta sobre la vida, a veces sin encontrar respuesta.
Es un crisol de personajes diferentes, con vidas diferentes, y sus maneras de enfrentar la realidad. El autor, profesor y sacerdote, conoce bien la manera de pensar de los jóvenes y la refleja con sencillez y claridad. El joven protagonista, con cierta ingenuidad, consigue calar a las personas con las que dialoga para los reportajes del periódico y descubre vidas que parecen exitosas pero son un fracaso, y al revés, personas que son felices aunque desde fuera no lo parezcan.
Una radiografía de parte de la sociedad, que invita a reflexionar.