
Jon Fosse, noruego, premio Nobel de Literatura 2023, entró en la Iglesia Católica tras una vida, como demuestran sus escritos, de búsqueda. De joven perteneció a la iglesia estatal noruega, la abandonó para seguir con su activismo radical de izquierdas, buscó su espiritualidad en una comunidad cuáquera que abandonó, y sus éxitos literarios le llevaron a viajar por todo el mundo. Tuvo que enfrentarse a discursos, entrevistas y presentaciones que, por su timidez, superó con el alcohol.
En esta situación tuvo dos experiencias que le llevaron a buscar consejo en la Iglesia Católica hasta ser recibido con el Bautismo, la Confirmación y la Comunión en el mismo día. Fosse es un intelectual y un artista. El diálogo con Skejeldal, teólogo y antiguo pastor de la iglesia luterana, también convertido al catolicismo, trata de temas muy diversos, fundamentalmente literatura, arte y espiritualidad católica, aunque se muestra pudoroso para contar su experiencia personal.
Es un hombre de oración: “pronuncio el Credo, rezo el Padrenuestro. Se trata de sonidos que, al ser repetidos, se vacían de su significado normal y se llenan de un significado nuevo, como la Avemaría del Rosario” (p. 108). Y como poeta y como católico disfruta con la vida de infancia, porque “todos los niños son poetas de Dios” (p. 147).
El libro está lleno de reflexiones profesionales, filosóficas. Heidegger y Wittgenstein están en su cabecera, pero también el maestro Eckhart, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. Y espirituales, donde deja ver, con humildad, su agradecimiento y amor por esa Iglesia que le ha acogido, pues “la fe no necesita Iglesia, pero yo, el ser humano Jon, sí. Al menos en el lugar en el que me encuentro ahora en la vida, necesito la Misa y el rezo. La Iglesia Católica seguramente se habría apañado mejor sin mí, pero no al revés” (p. 87).
En la parte final, hablan de la moral social actual que en algunos aspectos no comprende, pero acata, pues “la grandeza, aquello que me hace católico, está en el misterio que hay en la fe. (…) Y en ese misterio se puede participar todos los días de un modo concreto. La grandeza de la Iglesia católica reside en que, a pesar de todo, ha sabido preservar y transmitir este misterio. También a mí” (p. 165).