
Un cadáver, que aparece al iniciarse unas obras de rehabilitación en un palacio gótico; cartas anónimas cual piezas de puzzle arcaico; personajes de instituciones culturales, políticos, tradicionales de la ciudad de Barcelona… toda la amalgama converge en la vida del periodista jubilado Víctor Balmoral que, como buen profesional, se resiste a no desentrañarlo.
La nueva obra del conocido escritor, premiado con el Premio de Novela Lara 2025, decepciona no por la trama ni por la documentación de los hechos narrados, lugares, obras de arte incluidas… sino por el tono interno de la obra: personalmente lo he encajado como una crítica amable, unos guiños burlones, inteligentes… tanto a los personajes de la narración, como a los hechos a los que se refiere, al tono vital que le imprime a la ciudad. Aparece así una urbe que, dentro de su innegable antigüedad, de su tradición de ciudad cosmopolita y culta, de su encanto como lugar de artistas, emprendedores innatos y atracción de turistas, se demuestra un fraude continuo.
Alego a favor de la narración que se aprende de lugares e historias, de personas interesantes e incluso de técnicas artísticas; junto a esto, no cabe duda de que, como novela negra, tiene poca garra, como “ubi” de personajes falla —siempre que la intención no haya sido que sean así de poco ricos o profundos— y puede dar una óptica de la ciudad un tanto ridícula y superficial.
Se agradece, aun así, que autores de esta talla hagan obras “menores”, para pasar unas horas de lectura sencilla, entretenida y con dosis de picardía.