
Narración de un escritor y periodista japonés acerca de los últimos años y el fallecimiento de su anciana madre, viuda a la que cuidan sus cuatro hijos, especialmente las mujeres: Shigako, Kuwako y la nuera Mitsu (esposa del autor). El relato es emotivo, delicado, lleno de lirismo, volcado en pequeños detalles, como testimonio de esta ley natural que ve en la familia el ámbito de lo incondicional. A medio camino entre un ensayo y una novela -según manifiesta el propio autor-, las dos primeras partes (Bajo los cerezos en flor y Claro de luna) describen anécdotas familiares de la madre octogenaria; la tercera y última sección (El rostro de la nieve) se detiene en los días de la muerte. Quedan claras las diferencias entre la mentalidad cristiana y la propia del budismo (creen en el más allá, al que se enfrentan con sosiego, pero no saben bien en qué consiste); todos buscan aliviar el dolor de la separación de los seres queridos. En una ocasión, el autor reflexionará así sobre el deterioro creciente de su madre: "sometida a la titilante llama azul del instinto", "sus facciones se habían occidentalizado y su forma de pensar era más racional, más cristiana".