
El famoso muralista mexicano Diego Rivera (1886-1957) dictó su autobiografía a la escritora norteamericana Gladys Stevens March. En estas páginas da la impresión de que vierte su pensamiento y su vida de modo bastante sincero. Con muy escasa formación cristiana, se afilió al Partido Comunista Mexicano en los años veinte, del que fue expulsado por algunas críticas a Stalin y en el que sería readmitido a la muerte de este. Todas sus obras, en particular sus grandes murales, poseen una gran belleza, y reflejan una indudable inspiración marxista (exaltación del proletariado; contraposición entre los indígenas como buenos y la Iglesia, el Ejército y el Estado como malos; etc.).
Intentó derrocar a Porfirio Díaz, siendo un profundo admirador de Emiliano Zapata. Con un fuerte complejo antiespañol y antieuropeo, exaltó siempre el arte y el tiempo precortesianos, el indigenismo y lo genuinamente mexicano. Estuvo casado cuatro veces; casi todos sus matrimonios terminaron mal, pues él mismo confesó que le era imposible ser fiel. A pesar de las ideas marxistas e inmorales que encarnó en su vida, la autobiografía de Diego Rivera es útil para entender el México del siglo XX y conocer mejor a uno de los más grandes artistas del siglo pasado, en especial, como muralista. Para Rivera el mural significaba el arte para el pueblo en general y el proletariado en particular. El libro gustará especialamente a los interesados en México, el arte y la historia del arte.