
Es un ensayo de historia de las ideas políticas que compara dos momentos muy distintos de la modernidad occidental. Díez presenta el siglo XIX como una época de reconstrucción del orden después de las revoluciones, en la que pensadores de muy distintas tendencias buscaron conciliar libertad, progreso, tradición y estabilidad. Frente a ello, analiza el siglo XX como el momento en que resurgen las grandes pasiones revolucionarias y las ideologías de carácter más dogmático.
El autor estudia a figuras tan diversas como Stuart Mill, Mazzini, Carlyle, Lenin, Carl Schmitt y Marcuse, procurando comprenderlas desde dentro y atendiendo tanto a sus ideas como a su personalidad y circunstancia histórica. Su método resulta particularmente interesante porque no reduce a los pensadores a etiquetas políticas: intenta comprender qué había detrás de sus conceptos y de sus decisiones intelectuales.
Es un libro culto, exigente y claramente favorable a la reflexión política no dogmática. Su principal virtud está en mostrar que destruir un orden puede ser relativamente sencillo, mientras que reconstruirlo exige mucha mayor inteligencia, prudencia y capacidad de integración. No es una lectura ligera, pero sí valiosa para quien tenga interés serio por la filosofía política y por la historia intelectual de Europa.