
Es un libro magistral y precioso que lleva al lector continuamente al asombro ante el Dios del Amor, como dice el subtítulo. Una idea muy fecunda que late en todo el texto es que los misterios responden a lo que más deseamos en lo profundo del corazón. El objetivo del autor es mostrar que las verdades del Credo son los diferentes componentes de la locura del amor divino que Jesús ha venido a revelarnos.
Es normal que los misterios sobrenaturales superen la capacidad de la razón, pero no son contradictorios entre sí, sino complementarios; se iluminan unos a otros. Hay muchas paradojas en nuestra fe cristiana, y cuando se profundiza en ellas, se convierten en un motivo para la alegría honda de los creyentes. Primero surge el gozo al contemplar el modo en que las Personas Divinas viven sus relaciones de amor, y después este misterio ilumina los diferentes aspectos de nuestra condición humana, porque estamos creados a imagen y semejanza de Dios. Dios pide correspondencia del hombre ante su amor divino.
El texto está ilustrado por medio del Evangelio y de autores como Teresa de Lisieux, Gabrielle Bossis o Charles de Foucauld. En varios momentos sugiere a los católicos reflexionar sobre cuánto contribuyen nuestros actos de amor, nuestras sonrisas… a la felicidad que Dios disfruta eternamente.
Muy recomendable para crecer en amor a Dios, agradecer y disfrutar de los “maravillosos” misterios de nuestra fe cristiana.