
En el mundo de Terramar la magia es un elemento indispensable. Esta segunda entrega del ciclo nos sitúa diez años después del enfrentamiento de Ged con su propia sombra. Capaz ahora de actuar en beneficio de otros, decide recobrar la runa de la unión, la mitad perdida del anillo de Erreth-Akbé, guardado en las Tumbas de Atuan.
La sacerdotisa de las Tumbas es Arha, que lleva el significativo apodo de la Devorada, y que no tiene identidad, pues la ha perdido para ponerse al servicio de los Sin Nombre, las potestades tenebrosas de Terramar. El libro se convierte así en un relato del momento en que Arha debe convertirse en mujer, tomando sus propias decisiones, y abandonando aquello que no ha elegido, y ciertamente no quiere para sí. De esta manera el rol de la mujer se convierte en una pieza relevante.