Los figurantes

[Les figurants]
Año: 
2026
Género: 
Público: 
Editorial: 
Anagrama
Ciudad: 
Barcelona
Año de publicación: 
2026
Páginas: 
108
Valoración moral: 
Género: Literatura
Sin inconvenientes.
Algunos inconvenientes morales.
Presenta pasajes de cierta entidad contrarios a la fe o la moral.
Presenta pasajes escabrosos o un fondo ideológico general que puede confundir a personas con una escasa formación cristiana.
Abundan los pasajes escabrosos o un fondo ideológico contrario o extraño a los valores cristianos.
Por sus contenidos explícitos, la obra contraría la fe o la moral de la Iglesia Católica o el cristianismo en general.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

"Los figurantes" es la primera obra de género teatral que nos ofrece la conocida escritora francesa Delphine de Vigan (1966). En esta ocasión, con bastante agudeza psicológica, aborda, con pequeños flashes, cómo es la vida de los trabajadores más invisibles de la industria del cine: los extras del rodaje.

La acción, como se indica en la contraportada, "nos sitúa en el corazón de un rodaje de cine, desplazando su mirada hacia aquellos que habitan el último escalón de la industria: los figurantes. Cuerpos anónimos que al final no serán más que una sombra desenfocada, pero que pasan horas esperando y soportando todo tipo de incomodidades sin que nadie se preocupe de ellos. Cuerpos que, pese a todo, son imprescindibles para dotar de realismo y verosimilitud a la ficción".

Efectivamente, soportan interminables horas muertas, molestias físicas, sumisión a cambios de indumentaria absurdos, etc. En cuanto no tienen nada que hacer, los cinco figurantes aprovechan el tiempo para conocerse mejor, contarse sus problemas habituales, ilusiones, planes de futuro, etc.

El tono de la obra es, más bien, tragicómico: alterna situaciones cómicas con pasajes más melancólicos y entrañables. En una lectura bastante introspectiva que, a modo de metáfora existencial, desea plasmar la sociedad actual, frente a una cultura obsesionada con el éxito, la fama, estar siempre en primer plano y el deseo de ser vistos, la autora reivindica el mérito de la labor que llevan a cabo muchas personas que permanecen en el anonimato.

Este mensaje aparece también en algunas novelas de la autora: en "Horas subterráneas" habla de los trabajadores invisibles con tareas rutinarias en muchas oficinas. En "Las gratitudes" se manifiesta la ternura hacia los mayores que están perdiendo su lugar en el mundo y que poseen una gran riqueza interior.

La escritora realiza una buena crítica de los deseos de figurar siempre en primera fila en los medios de comunicación, en las pantallas, del trabajo deslumbrante de personajes estrella, y reivindica el valor de trabajos más humildes, pero necesarios para que la sociedad funcione bien.

La obra resulta interesante, es breve y se lee con facilidad. Aunque aparecen unos pocos y breves apuntes soeces innecesarios, se podría recomendar, pues es un trabajo bien orientado sobre una cuestión actual.

Autor: Ricardo Isla Bellvis, España
Fecha de actualización: Jul 2026

Otras reseñas

Valoración moral: 

La autora entra, por primera vez, en el mundo del teatro con una interesante alegoría de nuestra sociedad. En el cine, los figurantes son los últimos de su escala jerárquica; esas figuras que representan su papel sin que nadie los recuerde ni les preste atención, “esa gente invisible, pero sin la que nada funcionaría, mal pagada y poco considerada, mientras otros cobran millones y son tratados como reyes, no me digáis que no os suena...” (p. 70), aunque “puestos a ser invisibles, mejor serlo aquí. Donde todo brilla, donde pasan cosas. (…) Pero de vez en cuando me gustaría que alguien me mirara y me dijera: ‘Bruno, yo sí te veo. Veo que sirves para algo y quiero darte las gracias por ello’ ” (p. 66).

Los figurantes son imprescindibles para que una película tenga visos de realidad; también pueden ser reivindicativos, disfrutar con lo que hacen y crearse sus propias ilusiones.

La obra teatral de DeVigan se centra en cinco personajes, diferentes entre sí, manejados por un superayudante y la jefa de figuración que, a su vez, reciben órdenes de los técnicos y, en último lugar, del superdirector.

Los personajes de la obra teatral, durante las incómodas esperas y en las incomprensibles situaciones que tienen que interpretar, se abren y se quitan la máscara para mostrarse tal como son y comprenden que necesitan “apoyarse mutuamente. Si no fuéramos tan estúpidos, si no nos preocupáramos solo de nuestros pequeños éxitos, de nuestra seguridad, de nuestros privilegios...” (p. 70).

Autor: Francisco Forriol, España, 2026