
"Los figurantes" es la primera obra de género teatral que nos ofrece la conocida escritora francesa Delphine de Vigan (1966). En esta ocasión, con bastante agudeza psicológica, aborda, con pequeños flashes, cómo es la vida de los trabajadores más invisibles de la industria del cine: los extras del rodaje.
La acción, como se indica en la contraportada, "nos sitúa en el corazón de un rodaje de cine, desplazando su mirada hacia aquellos que habitan el último escalón de la industria: los figurantes. Cuerpos anónimos que al final no serán más que una sombra desenfocada, pero que pasan horas esperando y soportando todo tipo de incomodidades sin que nadie se preocupe de ellos. Cuerpos que, pese a todo, son imprescindibles para dotar de realismo y verosimilitud a la ficción".
Efectivamente, soportan interminables horas muertas, molestias físicas, sumisión a cambios de indumentaria absurdos, etc. En cuanto no tienen nada que hacer, los cinco figurantes aprovechan el tiempo para conocerse mejor, contarse sus problemas habituales, ilusiones, planes de futuro, etc.
El tono de la obra es, más bien, tragicómico: alterna situaciones cómicas con pasajes más melancólicos y entrañables. En una lectura bastante introspectiva que, a modo de metáfora existencial, desea plasmar la sociedad actual, frente a una cultura obsesionada con el éxito, la fama, estar siempre en primer plano y el deseo de ser vistos, la autora reivindica el mérito de la labor que llevan a cabo muchas personas que permanecen en el anonimato.
Este mensaje aparece también en algunas novelas de la autora: en "Horas subterráneas" habla de los trabajadores invisibles con tareas rutinarias en muchas oficinas. En "Las gratitudes" se manifiesta la ternura hacia los mayores que están perdiendo su lugar en el mundo y que poseen una gran riqueza interior.
La escritora realiza una buena crítica de los deseos de figurar siempre en primera fila en los medios de comunicación, en las pantallas, del trabajo deslumbrante de personajes estrella, y reivindica el valor de trabajos más humildes, pero necesarios para que la sociedad funcione bien.
La obra resulta interesante, es breve y se lee con facilidad. Aunque aparecen unos pocos y breves apuntes soeces innecesarios, se podría recomendar, pues es un trabajo bien orientado sobre una cuestión actual.