
Deliciosa novela en la que se intuyen algunos rasgos autobiográficos. Con razón es uno de los títulos recomendados por Miguel Sanmartín Fenollera en su libro-guía De libros, padres e hijos de Rialp. Ayuda a disfrutar de ella la excelente traducción de Nuria Reina Bachot. Mantiene la viveza de los diálogos de chicos de esas edades, adaptándolos al lenguaje actual. También hace oportunas aclaraciones a pie de página.
Roberta (Bobbie), de 12 años, y sus hermanos Peter y Phyllis, algo menores, se ven obligados a mudarse con su madre cerca de Londres. Su padre ha tenido que ausentarse una larga temporada —implícitamente queda claro que a prisión— aunque los niños lo desconocen.
En la nueva casa aprenden a vivir con austeridad, sin perder la dignidad y el optimismo. La madre les educa con reciedumbre, dándoles a la vez libertad y confianza, y les enseña a ver con buena cara las nuevas incomodidades. A rezar por algunas injusticias y por su padre. Ellos, lejos de verlo como un sacrificio, encuentran en todo ocasión de diversión, aventura u oportunidad para comportarse como héroes.
En todo momento reina un ambiente de amor, cariño y generosidad en la familia, sin faltar pequeñas peleas entre hermanos, que pronto resuelven rectificando, perdonando y reconciliándose. Hay multitud de pequeñas y concretas muestras de cariño... abrazos, sencillos regalos, flores de adorno... favores realizados en secreto... Muchos conflictos terminan superando el mal con el bien.
Son conmovedoras y muy educativas las confidencias que la madre mantiene con cada uno; y los sacrificios escondidos para mantener el buen humor y la alegría de la casa en ausencia del padre. También la conversación del doctor con el hijo varón para hacerle ver cómo tratar a las mujeres.
La cercanía de la casa a la estación del tren del pequeño pueblo les permite vivir algunas aventuras. El carácter abierto, espontáneo y directo de los niños hace que traben amistad con diversos personajes. Todos ellos, gente sencilla de gran corazón: el doctor, el mozo y el jefe de estación, vecinos del pueblo... un hombre que les saluda a diario desde el tren...
La novela está impregnada de bondad, de un tono amable y cordial manifestado en mil pequeños detalles cotidianos. Y, a veces, no tan pequeños, como la acogida en la casa de un extraño enfermo necesitado de cuidados.