
En este libro, Philippe afirma que Dios habla al hombre a través de los diversos sucesos de la jornada. En cada uno de ellos, Dios está queriendo decir algo a su criatura, mediante una personalísima llamada que espera una respuesta. El hombre debe fomentar una actitud habitual de escucha y disponibilidad que le permita “dejarse conducir” por los acontecimientos, y vivirlos buscando descubrir la voluntad divina en cada momento.
Dios llama en la oración, a través del Evangelio, en las contrariedades, en la enfermedad o en cualquiera de las circunstancias de la vida. Las "llamadas" pueden tener forma de sucesos felices o dolorosos, pueden surgir a raíz del encuentro con otra persona, o descubrirse en los deseos que el Espíritu Santo suscita en nuestro corazón, etc. Pero todas ellas son, en el fondo, una "llamada a la vida", una invitación a vivirla de un modo más intenso y hermoso, poniendo en juego todos sus componentes. La felicidad se alcanza, no mediante el control de los acontecimientos, sino escuchando y secundando las llamadas de Dios en la propia vida.
P.V. - S.A.C. (2009)