
En Legión y El alma del emperador, Brandon Sanderson, el ya reconocido autor, nos vuelve a sorprender con una doble entrega de calidad impresionante. Por un lado, con una novela en pleno siglo XX, y por el otro, abriendo nuevamente su universo, el Cosmere, asombra con sus dos novelas más breves.
Con una mansión con más de 40 habitaciones, al personaje principal le llega el rumor de una anomalía en Medio Oriente, algo que se creía imposible. Padeciendo una extraña condición, se trata de un personaje con una inteligencia que supera con creces la común, con una explicación igual de rara.
De segundo, nos encontramos con El alma del emperador, una más de las novelas sucedidas dentro del universo fantástico de Sanderson, el Cosmere. Con una habilidad con la pluma envidiable, el autor nos deja claro que la identidad es mucho más que un nombre, y que quizá, solo quizá, sean nuestra historia y vivencias las que nos definen. ¿Somos lo que vivimos o vivimos lo que somos? No lo sé, espero lo sepa Shai, una falsificadora acostumbrada a salir vencedora. Pero, ¿es acaso lo mismo falsificar un objeto que, nada más y nada menos, un alma? Dejo la duda.
Con su sello característico ‒y en la mayoría de los casos siempre presente‒, Brandon Sanderson evita temas innecesarios, por lo que la trama de ambas novelas evita los círculos de lo obsceno, vulgar e intrascendente, para enfocarse en lo realmente importante.