La Tierra que Pisamos

Valoración moral: 
Género: Literatura
Sin inconvenientes.
Algunos inconvenientes morales.
Presenta pasajes de cierta entidad contrarios a la fe o la moral.
Presenta pasajes escabrosos o un fondo ideológico general que puede confundir a personas con una escasa formación cristiana.
Abundan los pasajes escabrosos o un fondo ideológico contrario o extraño a los valores cristianos.
Por sus contenidos explícitos, la obra contraría la fe o la moral de la Iglesia Católica o el cristianismo en general.

Esta novela es una distopía: se trataría de la existencia de un Imperio cruel -en un tiempo indeterminado-, que extendería sus dominios desde Rusia a África. España acaba de ser anexionada y será en un pueblo de Extremadura donde residan, a modo de gratificación, los mandos a cargo de la ocupación. Eva Holman es esposa de uno de ellos, y vive tranquilamente su retiro hasta que un día recibe la inesperada visita de Leva, un hombre misterioso, con grandes cicatrices en la cara, que comienza por dormir al raso fuera de la casa, pero que acabará complicándole la vida hasta extremos insospechados. Eva narra, en primera persona, su propia vida y se inventa, en base a pequeños detalles, lo que ha podido ser la trayectoria vital durísima de Leva. La novela es muy violenta: se describen con detalle los campos de trabajo (de concentración), donde los cautivos (prisioneros) construyen, en condiciones penosísimas, las traviesas para el ferrocarril que debe atravesar todo el imperio. En medio de esta total deshumanización, se podrá encontrar al final algún rasgo de cordura, generosidad y de civilización. La prosa es sobria y recia (la clásica del autor), pero resulta, a veces, algo rígida y agobiante. La violencia (quizás demasiado exagerada) puede ser, en algunos momentos, molesta. Hay también un apunte sensual.

R.I. (España, 2016)