Marina analiza el concepto de autoridad y su importancia, criticando la crisis provocada por la mentalidad permisivista contemporánea y reclamando la necesidad de una mejor educación, en la que se fomente el autodominio, las virtudes intelectuales y proyectos vitales amplios en sus miras.
A lectores con cierta formación filosófica, les puede parecer pobre el fundamento de este proyecto ético. Marina se mueve a medio camino entre la filosofía y la sociología, y esto hace que critique con acierto los hechos preocupantes, a la vez que acepta en parte la desconfianza hacia los “fundamentos tradicionales” de la autoridad. Entiéndase bien: no es que el Autor los rechace; más bien, parece que universaliza su discurso buscando una fundamentación de este concepto que no precise necesariamente de referencias trascendentes. En este sentido, la autoridad es considerada sobre todo como una cualidad personal que debe conseguirse, y que se basa en la admiración.
Puntualmente, el autor explica de modo erróneo la doctrina católica (p.ej., considera que la doctrina del pecado original conlleva, para los católicos, la perversión de la naturaleza) y algunas cuestiones antropológicas están poco fundamentadas metafísicamente (p.ej., la libertad se entiende principalmente como un logro cultural dependiente de la adquisición de la capacidad lingüística). También hay, de pasada, algún comentario levemente mordaz sobre la autoridad de la Iglesia. Queda, sin embargo, un libro divulgativo y sugerente que critica con acierto muchos aspectos de la cultura "liberalizadora" contemporánea.
P.V. (2009)
La recuperación de la autoridad
Valoración moral:
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.