La palabra que vence a la muerte

[Het woord dat de dood verslaat]
Año: 
2025
Género: 
Público: 
Editorial: 
Penguin
Ciudad: 
Barcelona
Año de publicación: 
2025
Páginas: 
160
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

El ensayista neerlandés reflexiona sobre un Occidente decadente, sumido en un estado de consumo (cantidad) y carente de espíritu (calidad). Critica que la “grandeza” haya sido sustituida por la “cantidad”, a la que todo el mundo debe someterse, y reclama la vuelta del humanismo enfrentado a la política. Política que se ha transformado en la manera de conquistar y conservar el poder, un poder que nunca puede ser un fin: se ha olvidado que tan solo es un medio.

Riemen solicita recuperar el “ideal civilizatorio”, que no se encuentra en el pasado que ya fue ni tampoco en el futuro, que es un sueño tan mediocre como lo que ahora somos. La inspiración hay que buscarla en las verdades eternas y en modelos que sirvan de ejemplo.

Riemen propone a Georges Bernanos y a Simone Weil, quien comprendió que hay cuatro obstáculos que separan a la humanidad de la civilización: primero, la falsa idea de la grandeza; segundo, la degradación del sentido de la justicia; tercero, la idolatría del dinero; y cuarto, la ausencia de inspiración religiosa.

Otro modelo propuesto es Thomas Mann, al que desmenuza con admiración. Constituye una extraña mezcla: fue ciego ante un imperio militar, autoritario y conservador, pero recuperó la vista para señalar los peligros que amenazan a cualquier sociedad democrática.

La propuesta de Riemen es volver a la “cultura del cuidado del alma” (p. 71), como “expresión de una conciencia moral, y su soporte es una conciencia religiosa: todo lo que es verdadero, bueno y bello trasciende nuestra existencia, es imperecedero y universal” (p. 87). También propone desarrollar las artes, que “pueden cambiar la mentalidad, motivar y animar a las personas, y son, sobre todo, la viva expresión de la capacidad humana de superarse” (p. 116).

Asimismo, subraya la necesidad de cuidar la educación. Antoine de Saint-Exupéry, en un viaje en tren durante la guerra, tuvo la idea de su fábula El Principito para “despertar el Mozart que llevan dentro todos los principitos y princesitas de esta Tierra” (p. 65). Para ello hay que leer: “solo quien sabe ver la poesía de la vida es capaz de ver lo verdadero” (p. 76), ya que “en la cultura europea los libros pudieran ser un objeto sagrado” (p. 91), y ver las distopías no como una condenación a la que estamos abocados, sino como una advertencia que prepara “el terreno para la utopía” (p. 96).

Es cierto que existe el mal, pero “la única respuesta a la inhumanidad es más humanidad, lealtad hacia aquellos a los que amas, hasta la muerte” (p. 48). Riemen no da recetas mágicas, tampoco lo pretende: ofrece una guía de cambios imprescindibles para que Occidente vuelva a encontrarse con sus raíces.

Autor: Francisco Forriol, España
Fecha de actualización: Dic 2025