
El libro genera grandes expectativas que no logra satisfacer, ya que analiza numerosos ángulos que abren demasiadas puertas sin cerrarlas por completo. Su concepto de religión queda definido de manera explícita como "el fenómeno cultural y social que reúne a todos los individuos que comparten una concepción espiritualista del mundo” (p. 12). Según el autor, la religión es un fenómeno histórico y social que identifica a un grupo de personas que creen en el espíritu.
En este sentido, durante la "aventura espiritual" de la humanidad, desde la prehistoria hasta la actualidad, analiza lo sagrado y lo religioso en función de los cambios históricos y sociales. En la segunda parte del libro, intenta abordar el desarrollo de la dimensión espiritual y religiosa del ser humano, un tema que resulta difícil de sintetizar. Por ello, las religiones se tratan de manera esquemática y algunas resultan complicadas de entender, especialmente el hinduismo y el budismo, con sus complejas ramificaciones.
En cuanto al cristianismo, la obra presenta una perspectiva histórico-política cargada de tópicos habituales, como la leyenda negra, las guerras, y las divisiones entre conservadores y progresistas, dejando de lado el verdadero mensaje de Cristo. Además, incluye un recorrido por la magia, el espiritualismo, el esoterismo y el espiritismo.
La crítica materialista de la religión es representada por autores como Feuerbach, Marx, Nietzsche, Freud y el positivismo. Por otro lado, la defensa de lo religioso se presenta con Jung, Frankl, Bergson y la espiritualidad atea de Comte-Sponville. Finalmente, concluye con las aportaciones de tres neurocientíficos que ofrecen un enfoque particular sobre lo religioso, aunque poco clarificador.
Lenoir cierra argumentando que lo sagrado enfrenta, en nuestra época, un nuevo giro motivado por tres transformaciones: la alteración del ecosistema, la aldea global y la tecnología, junto con su proyecto transhumanista y la inteligencia artificial.
Después de recorrer múltiples caminos, explorar diferentes mundos y reflexionar sobre pensamientos que rechazan o apoyan lo religioso, el viaje concluye en un punto familiar, sin trascendencia ni referencias claras. Propone mejorar "la calidad de nuestra vida interior y espiritual" como medio para orientar nuestras acciones hacia valores positivos como la gratitud, la entrega, el perdón, la búsqueda de la verdad, la libertad, el amor, la vivencia de lo sagrado y el rechazo al consumismo. Todo ello, con el objetivo de estar "en paz con nosotros mismos, con los demás y con todos los seres vivos".