
El legendario Odiseo lleva tres mil años en el inframundo. Tras recibir la visita de Homero, acompañado de un tal Dante, decide acudir a su diosa Atenea Partenón, pidiendo que le saque de su castigo. La diosa se le aparece y le promete la redención si cruza los nueve círculos del infierno. Para su misión, la diosa le entrega unos pocos objetos: una bolsa de cuero con un extraño pan sin levadura, su espada, su arco y siete flechas, indicándole de forma misteriosa que la más importante es la octava flecha. Con la ayuda de su amigo y compañero Diomedes, cruza la puerta del primer círculo del infierno. En todos los lugares que visita encuentra personas conocidas, protagonistas en su mayoría de su antigua Odisea.
El autor del libro es un intelectual americano, religioso benedictino, que imagina una actualización de la Odisea, aunque esta vez en el infierno que describe el genio de Dante. No da un solo paso en falso, marcando un ritmo constante, sin subidas ni bajadas, manteniendo la historia y demostrando un conocimiento profundo de la mitología griega y de La Divina Comedia. Además, de una forma suave pero continua, da muestras de la verdadera presencia de un Dios único (el Dios con un nombre de cuatro letras, en clara referencia a YHWH, el nombre de Dios), de un Dios que quiere que los hombres sean redimidos, que perdona siempre cuando le pedimos perdón con sinceridad.
Una lectura muy recomendable para quienes amen la literatura clásica, con un contenido apologético elegante y a la vez profundo. Especialmente cuando se refiere a ese extraño pan sin levadura, del que no quiere desprenderse.