
Es un ensayo sociológico que intenta explicar una de las paradojas más visibles de nuestro tiempo: mientras las sociedades acumulan cantidades gigantescas de información y conocimiento técnico, las personas concretas parecen comprender cada vez menos el mundo en el que viven. Agustín Galán, apoyándose sobre todo en Ortega y Gasset, Bauman, Beck y Giddens, desarrolla la idea del homo ignorans: el hombre moderno que depende completamente de sistemas, expertos y tecnologías que no entiende, pero en los que confía casi ciegamente.
El libro tiene interés porque sabe captar una inquietud real de la vida contemporánea: la sensación de vivir en una civilización enormemente sofisticada y, al mismo tiempo, profundamente frágil, burocrática y desorientada. Cuando el autor analiza la especialización extrema, la globalización, la pérdida de control político y la dependencia tecnológica, el ensayo resulta sugerente y hasta inquietante. Hay páginas valiosas sobre la masificación, la superficialidad informativa y la dificultad actual para alcanzar una visión unitaria de la realidad.
Sin embargo, también es un libro desigual. Repite ideas con cierta frecuencia, mezcla sociología académica con observaciones más periodísticas y, en algunos momentos, la argumentación pierde fuerza por exceso de conceptos contemporáneos y referencias teóricas. No alcanza la profundidad ni la claridad de los grandes ensayistas de la crisis moderna. Aun así, tiene mérito por intentar pensar seriamente los efectos culturales y humanos de la hipercomplejidad moderna. Asume algunos presupuestos sociológicos y relativistas propios del pensamiento contemporáneo, aunque el libro no es anticristiano.