
La Edad Media, una época de tinieblas: ésa es la imagen que todos conservamos de nuestra educación secundaria. Durante mucho tiempo se ha tachado de bárbaros a los constructores de catedrales y de ingenuos a los oyentes de Santo Tomás de Aquino. Régine Pernoud se opone a estos juicios prefabricados. Nos revela la Edad Media en toda su "luz". Nos introduce en su riqueza literaria y su auge artístico, pero también en lo que es menos conocido: el interés por las ciencias y la medicina de la época. Incluso la vida cotidiana presentaba los rasgos de una civilización ya refinada: la higiene -uso de "retiros", baños públicos y privados- estaba más desarrollada que en el siglo XVII. La jerarquía social se basa esencialmente en los lazos familiares, y es mucho más fácil acercarse a San Luis que a Luis XIV. Mientras que los hombres tenían generalmente autoridad en la familia, las mujeres gozaban de derechos que no tenían en la sociedad romana y que perdieron a partir del siglo XVI.
Un fabuloso descubrimiento de una época poco conocida en la que lo profano y lo sagrado se mezclaban, en la que se desarrollaban el comercio, las ciencias y las artes: los siglos XII y XIII son sin duda los verdaderos "Grandes Siglos" de nuestra historia.