
En La liberta democrática, su autor desea ofrecer una comprensión de la democracia en la que la libertad ciudadana no se reduce a poder hacer cada uno lo que le dé la gana, sino a componer su acción libre con la libertad de los otros, ya que muchas veces, entiende, la propia libertad se puede estar ejerciendo a costa de la de los demás. Considera que la libertad democrática es preciso comprenderla desde una óptica republicana, esto es, como libertad responsable y atenta a identificar las pérdidas de libertad que conlleva para algunos el disfrute de la libertad por parte de otros.
El libro contiene elementos más propios de su visión política, que confiesa de izquierdas, junto con otros quizá más relativos a la comprensión de lo que realmente es y puede hacer la política. Entre los primeros se encuentran, quizá, la defensa de la escuela como un ámbito de socialización más que como una prolongación de la acción educativa de los padres, el rechazo a la idea de que el cristianismo forma parte de la identidad de Europa, o su crítica a la deriva del conservadurismo hacia planteamientos propios de la antipolítica. En otras cuestiones, se muestra más cauto. Entiende que las políticas del cuerpo (aborto, eutanasia, vientres de alquiler, alimentación, transexualidad, etcétera) van a centrar cada vez más la atención política, pero matiza o muestra –sin rechazarlas- las dificultades que, por contradictorias, presentan algunas reclamaciones.
Su comprensión de las condiciones en que opera la política quizás posea interés para un público ideológicamente más amplio: consideraciones sobre los sentimientos políticos de los ciudadanos (el odio, la vergüenza o el deseo de bienestar), sobre la rendición de cuentas por parte de los representantes políticos o sobre el estancamiento en que parece incurrir la democracia. También trata de la imprevisibilidad de un mundo y de unas sociedades en crisis permanente, de la fragmentación de las sociedades democráticas y de las tensiones consecuentes, etcétera. El libro apela a renovar las categorías políticas pensadas siglos atrás para estar en condiciones de dar respuesta a las exigencias de la democracia en sociedades mucho más complejas, como son las actuales.
Como en otras obras ya publicadas, el autor atribuye más importancia a los elementos cognitivos y sistémicos de las sociedades y de la política que las cualidades éticas y personales de los representantes políticos, pues considera que lo más relevante para la pervivencia de la democracia es su adecuada estructura institucional y la inteligencia compartida presente en ella.
El libro contiene puntos de vista sugerentes e interesantes y, además de estar bien armado, posee aciertos expresivos muy logrados. Además de defender valores importantes para la democracia, ayuda a comprender mejor las condiciones reales en que se desarrolla la acción política; pero algunas de las ideas concretas para la acción política, que en todo caso no son la médula del libro, resultan, en mi opinión, más difíciles de articular con una visión cristiana de la sociedad.