La invención del bien y del mal

[Moral: Die Erfindung von Gut und Böse]
Año: 
2023
Género: 
Público: 
Editorial: 
Paidós
Ciudad: 
Barcelona
Año de publicación: 
2023
Páginas: 
448
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

Hanno Sauer es profesor de ética en la Universidad de Utrecht y vive en Düsseldorf.

Se trata de un libro bien escrito, de carácter divulgativo, que tiene una estructura atrayente. Recorre el desarrollo (no la historia) de la humanidad desde hace cinco millones de años hasta hoy.

Menciona con frecuencia la “moral”, pero solo en contadas ocasiones se refiere al bien o al mal, a lo que está bien o está mal. Confía en que nuestros valores morales pueden llevarnos lejos y, por tanto, es un libro optimista. Pero nunca define lo que es la “moral”. Lo explica todo desde el punto de vista de la evolución biológica.

Descalifica la religión, considerándola promotora de falsedades evidentes como, por ejemplo, “la transformación del vino en sangre con solo pronunciar unas fórmulas”.
Afirma que las causantes de nuestra evolución moral son tres capacidades de “nuestra especie”: cooperativa, punitiva y capacidad de aprendizaje.

Estos capítulos tienen una fuerte carga de psicología evolutiva, que introduce mediante ejemplos concretos sacados de pueblos y tradiciones antiquísimas, casi arqueológicas. Habla de mutación y selección como fruto de la casualidad, del pensamiento utilitarista como causa para humanizar los castigos (“aunque aún no sabemos con certeza quién amansó al ser humano”), de la evolución cultural acumulativa, donde el conocimiento se hermana con la moral dejando huella en los genes.
Poco a poco, va destilando ideas como la descalificación del cristianismo y de la familia tradicional (familia burguesa, para él), la idea del hombre como un ser más, y la ventaja de los nuevos estilos de vida que “no desvirtúan la esencia del ser humano”, como, por ejemplo, la liberación del matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero, como he dicho, todo muy bien escrito.

Un capítulo trata de la desigualdad. Según él, hace 5000 años las sociedades (cazadores y recolectores) eran más igualitarias, pero con la agricultura apareció la jerarquía y la desigualdad. De hecho, la igualdad social parece ser la forma de vida “natural” del ser humano. Pero los últimos 5000 años han sido una tragedia: desigualdad, esclavitud, sometimiento y miseria, caldos de cultivo para la aparición de las religiones y las reglas de convivencia escritas con las que tratan de justificar las injusticias de este mundo.

Desde luego, no sabe en qué debería basarse esta igualdad fundamental: no encuentra una cualidad que tenga relevancia moral y sea compartida por todos. Aborda también la desigualdad entre géneros, dejando claro que las funciones sociales del hombre y la mujer no son naturales o innatas, sino que vienen definidas por el bien de la coordinación.

Por suerte, parece asegurar que, con la llegada de la modernidad, aparece el primer intento de replantearse la cuestión de cuáles son los principios básicos de una sociedad justa. ¡Qué buena fue la modernidad! Produjo el avance de la autonomía y la individualidad del ser humano. Aparece un hombre nuevo gracias a los cambios morales e institucionales que transformaron la percepción, el pensamiento y el sentir. Surgen las “personas raras”, analíticas y de moral individualista, cuya evolución cultural produjo un cambio económico (economía de mercado) y político (democracia). Este individualismo tiene su origen —según él— en el programa matrimonial y familiar de la Iglesia católica llevado a cabo durante mil años. Programa que acabó con las lealtades genéticas, ampliando las relaciones e inventando e institucionalizando nuevas formas de sociabilidad, como las universidades. El parentesco fue sustituido por la moral individualista.

De esta forma se crearon las condiciones cognitivas y morales que, al final, irían en detrimento de la autoridad de Roma, provocando su decadencia y dando paso al protestantismo y a las revoluciones.

Ya lo importante no era pertenecer a una institución, sino establecer una relación personal con Dios. Tampoco había espacio para el alma, y apareció un nuevo método científico que emancipaba el conocimiento de la Biblia, del Papa y de los filósofos antiguos.

El derecho natural quedó obsoleto y solo quedó la pura legalidad como única autoridad moral sobre nuestras acciones. Pero apareció un catálogo de virtudes burguesas a medida de la economía que trajo nuevas estructuras morales. Por suerte —otra vez— apareció la civilización científico-técnica, que se pensó que acabaría con las ideologías despóticas y las supersticiones religiosas.

Estamos ya en el siglo XX. Una perspectiva universalista nos va a liberar de una cultura y unas normas que no eran más que una cosmovisión entre otras. Las normas morales son arbitrarias, mera convención. El hombre de este siglo tiene clara la idea de que cada ser humano merece respeto y consideración moral.

La “cordialidad con los desconocidos” será un distintivo de la moral moderna. La cooperación entre grupos mayores rompe las fronteras arbitrarias entre pueblos y razas. La innovación sustituye a la tradición, el “espíritu del mundo” a Dios. El hombre es un producto de su entorno social, y eso define lo que está bien o mal. Las circunstancias externas influyen más que la personalidad interior; la conformidad domina la psicología del siglo XX, por eso se puede aplicar cualquier programa de reforma moral.

Las últimas décadas de este siglo fueron de progreso moral. Es tiempo de la moral de situación, de la banalidad del mal (que ofrece cierto consuelo, pues no existen malas personas), de la propaganda que implica el “nosotros-ellos”.

El progreso moral —dirá— viene a cambiar estructuras conservadoras por progresistas, aunque afirma que cierto escepticismo ante la fe en el progreso está justificado. Hace hincapié en los valores emancipadores de igualdad, inclusión y libertad (nunca cita la fraternidad), que solo son posibles con seguridad económica y estabilidad política.

Por suerte, la desmoralización de las normas morales anteriores ha liberado a la sociedad y ha contribuido a una emancipación de las restricciones morales que se habían vuelto molestas.

Llegamos así al último capítulo: 5 años. Este capítulo no tiene desperdicio para quien quiera entender el pensamiento presente de mucha gente. Solo mencionaré los temas que trata: el fenómeno woke, la política identitaria, la importancia del vocabulario, el racismo, la cultura de la cancelación, MeToo, el altruismo eficaz, el estilo de vida vegetariano, internet, las fake news, el postureo ético, el cambio climático, la polarización… Para él, el fenómeno woke aúna todo lo que caracteriza la matriz moral de la modernidad tardía; perdurará y poco a poco irá calando.

Es la nueva corrección política que, según él, va a ser el impulsor irreemplazable del progreso moral. A pesar del optimismo que mencioné al inicio, afirmará que la exaltación ética de nuestro presente es un poco adolescente. No quiero dejar de mencionar que en todo este recorrido ha ido criticando a la derecha. Concluye afirmando que el final de este proceso será una comunidad liberada por la razón.

Pone muchos ejemplos y se formula muchas preguntas interesantes. Por supuesto, hay afirmaciones valiosas: “todo el mundo tiene claro que existen verdades objetivas en las que podemos confiar” o “no hay que tener miedo a la verdad”. Pero, en su intento de encontrar una ética común, ha quemado muchas posibilidades en su recorrido.

Autor: José Díez Niclós, España
Fecha de actualización: Mar 2026