
Lucinda Riley, escritora irlandesa, después de su éxito editorial con El secreto de la orquídea, ha relanzado su facilidad para captar lectores con una serie que cuenta ya con cuatro títulos: Las Siete Hermanas, La hermana tormenta, La hermana sombra y ahora, La hermana perla.
El presente relato inscribe a su protagonista CeCe entre estas “siete hermanas”, todas ellas hijas adoptivas de un multimillonario misterioso, Pa Salt, que eligió a pequeñas huerfanitas en diversas partes del mundo y dio a cada una de ellas el nombre de una estrella de la constelación de Las Pléyades: Alción, Astérope, Celeno, Taygeta, Electra y Mérope. CeCe es el apócope cariñoso de Celeno, eje de la acción de La hermana perla, que nos contará sus aventuras sentimentales durante el siglo XXI en Inglaterra, Tailandia y Australia, mientras busca a sus desconocidos progenitores. Riley enlaza esta indagación de CeCe sobre su pasado con las andanzas, a comienzos del siglo XX, de Kitty McBride, hija de un pastor protestante escocés, que años después logrará hacer fortuna en Australia. Obviamente, las vidas de Kitty y CeCe se cruzarán después de alegrías y tristezas de todo tipo.
El relato es limpio en la forma, aunque se deja entender que lo amoroso es prioritario, por encima de las leyes sociales o morales vigentes; y lo religioso -simple apertura subjetiva a lo trascendente- tiene un cauce sincretista. En dos ocasiones, además, se mencionan actuaciones crueles y lujuriosas de eclesiásticos o monjas, al margen de las exigencias de la trama.