
Es un libro difícil de entender si no se conoce todo el pensamiento y la vida de la autora (1909-1943) que fue filósofa, mística y activista política. De hecho el prólogo de esta obra escrito por Carlos Ortega hace una interpretación en algunos temas esenciales que considero poco favorecedora para la filosofía de Weil. Critica abiertamente a la Iglesia Católica porque a su juicio pretende apropiarse de las tesis de esta pensadora y las califica como cercanas al cristianismo. Muchos intérpretes o comentadores caen en este error del que Gustave Thibon habla con claridad.
El contenido es una antología de sus reflexiones sobre su experiencia interior escritas con autenticidad y exigencia intelectual. Luz y gravedad son los dos polos que gobiernan la realidad del hombre. Aparecen dos conceptos capitales de su filosofía: desgracia y fuerza. Quiere desentrañar el grado y los modos de participación de la gracia divina en el mundo. Busca el momento de encuentro entre la perfección de Dios y la desgracia de los hombres. El objeto de la ciencia debería ser el Bien y no el poder, la eficiencia o la utilidad como suele suceder en la explicación que hace la modernidad y que oprime al hombre. Para acercarse al Bien y a la Belleza, se requiere pasar por el sufrimiento y la desgracia.
Su prosa es limpia, honda y poética. Ha sido considerada por algunos estudiosos como la mayor pensadora del amor y la desgracia del siglo XX.