
Es un ensayo ambicioso que intenta describir el paso de una economía centrada en la eficiencia y el crecimiento a otra basada en la adaptación y la resiliencia ante crisis ecológicas, energéticas y sociales.
Rifkin escribe con claridad divulgativa y cierta fuerza visionaria, conectando cambio climático, tecnología, globalización y modelos económicos en un relato coherente que busca sacudir conciencias. El lector encuentra ideas sugerentes —especialmente en lo relativo a la fragilidad de los sistemas actuales y la necesidad de prever riesgos—, junto con una defensa decidida de nuevas formas de organización más locales y sostenibles.
Ahora bien, no todo es sólido: tiende a simplificar problemas complejos, a presentar escenarios con exceso de determinismo y a sostener propuestas que, aunque atractivas en teoría, no siempre están bien aterrizadas en la realidad política o cultural.
Con todo, es un libro que merece la pena por su capacidad de plantear preguntas serias sobre el rumbo de la civilización y por su impulso a pensar con responsabilidad el futuro, aunque conviene leerlo con criterio propio y sin aceptar sin más sus presupuestos ideológicos.
El libro incorpora una visión del hombre y de la sociedad fuertemente marcada por el ambientalismo contemporáneo y una cierta confianza en modelos tecnocráticos y globales que, en algunos puntos, tienden a relativizar la centralidad de la persona, la familia y el orden natural, tal como los entiende la doctrina católica. No es un ataque directo, pero sí hay un trasfondo antropológico discutible.