
Ernst Jünger conocedor de la primera guerra mundial, del periodo de entreguerras, de la segunda guerra mundial y, también, de la posguerra que dividió el mundo en dos bloques y desencadenó la guerra fría. Vivió todo el siglo XX y tuvo la necesidad de gritar al mundo varios alegatos en defensa del hombre.
En esta ocasión presenta su tercer personaje fundamental del siglo XX, tras el Trabajador y el Soldado Desconocido, introduce al Emboscado. En Islandia el condenado, generalmente por crímenes, era abandonado en el bosque donde vivía como un emboscado. En realidad, la traducción del título original, “Waldgang”, sería el paseo por el bosque, pero Jünger no solo ve los bosques como lugares mitológicos, son, sobre todo, áreas donde no ha llegado el desierto, pues “el desierto crece: van aumentando los anillos pálidos y estériles”, es la sociedad de masas, de la propaganda, tecnológica y burocrática. El emboscado es esa minoría que resiste frente los avances del poder político que todo destruye, creando miedo y domina al hombre con la propaganda, por ello “la divisa del emboscado reza así: ‘aquí y ahora’ — el emboscado es el hombre de la acción libre e independiente”
El monólogo es profético y ve cosas que se han terminado cumpliendo. Jünger confía y valora esas minorías emboscadas de hombres autónomos y creyentes, trascendentes; son minorías necesarias en una sociedad autoritaria disfrazada de demócrata, que las utiliza “para corroborar a la aplastante mayoría”, pero la minoría sabe resistir porque no tiene miedo, como ocurrió con los mártires cristianos de los primeros siglos.