
La colmena es una novela que nos muestra la sociedad española de mediados del siglo XX. Es una suerte de retrato coral, donde hay una ingente cantidad de personajes brevemente esbozados que dificultan al lector ubicarse en ella. El café de doña Rosa se convierte en un microcosmos de una nación paralizada, una estructura de celdas (celdas por el determinismo social asfixiante que se aprecia en la novela), donde las abejas —los personajes— no fabrican miel, sino que se devoran entre sí.
Al fragmentar la narrativa, Cela refleja la desarticulación de una sociedad rota por la guerra, donde la pobreza no es solo material, sino moral. Es, en esencia, un testimonio de la "cotidianeidad del horror" que el sistema intentaba ocultar bajo la propaganda. La falta de un desenlace claro subraya la falta de futuro de una población condenada a la repetición y al vacío.
Se compone de seis capítulos y un final, en los cuales encontramos lenguaje soez, ideas contrarias a la doctrina católica, crítica a la Iglesia y referencias obscenas. El contenido del capítulo 4 es marcado y explícitamente sexual.