
El joven Richard acaba de trasladarse a la pequeña localidad rural de Ballantyne, donde vive con sus tíos, después de que sus padres hayan muerto en un incendio. Allí es el nuevo, y uno de los alumnos raros del instituto local, y por ello tiene pocos amigos. Uno de ellos, Tom, ha desaparecido después de estar con él una tarde. La policía le interroga, pero no le cree, aunque él sabe lo que ha visto: Tom ha sido succionado de forma sangrienta por el auricular del teléfono de una cabina pública. Sólo su amiga Karen parece creerle.
El noruego, uno de los más famosos autores de la novela negra escandinava, cambia de registro en esta ocasión y entrega una novela de terror, en tres partes, breve pero intensa. La presencia del mal en el pueblo se intuye, pero nadie cree al pobre Richard. La historia es dura, un tanto violenta, pese a estar contada por un muchacho de quince años. El desenlace no se ve venir, pero cierra bien el argumento. Gustará a los amantes del género.