
Clara, la madre protagonista del relato cuando tiene 60 años, igual que la autora, escribe tres cartas: dos a sus hijas Alisha y Ginevra, y otra a su marido David. Son las tres partes de la novela y las reflexiones, recuerdos y pensamientos de una madre.
A Alisha le explica sus sentimientos, su vida de juventud, su aborto obligada por un chico sin demasiado escrúpulos, y la dificultad de haberla adoptado, en el momento que esperaba a otra hija.
A Ginevra le reconoce las dificultades de entendimiento de las dos hijas. Explica sus primeros años de escuela, los estudios de biología, el conocimiento y la boda por la Iglesia con David, médico pediatra, y las dificultades que comporta el hecho de que ella es agnóstica y no ha recibido una formación religiosa. También reflexiona sobre la muerte de los abuelos.
A David le recuerda cómo se conocieron, se sorprende que se fijara con ella y no con otras chicas mejores. Las dificultades para quedarse embarazada y concebir la Ginevra después de haber adoptado a Alisha.
David se ve inmerso en unos hechos que podrían hacer dudar de su credibilidad. A menudo hace referencia a Dios y su necesidad de reparación frente a la propia incredulidad.
Destacan el amor de una madre a pesar de las dificultades y las propias limitaciones. No es una novela triunfalista ni tampoco negativa, expone los recuerdos de una realidad cotidiana y familiar que describe con trazos amables y sin ningún resentimiento. Como en sus otras novelas resalta el respeto por la naturaleza y el medio ambiente.