
La autora ofrece una reconstrucción íntima y poética de la vida de Hildegarda de Bingen, monja mística, abadesa, compositora, estudiosa de la naturaleza y visionaria del siglo XII.
Tancredi toma como voz narrativa a Adelheidis, una monja que estuvo muy cerca de Hildegarda, para presentar unas memorias ficticias —basadas en fuentes históricas— que transmiten el espíritu de una mujer adelantada a su tiempo.
La novela no solo describe los eventos externos, como la fundación de monasterios, la correspondencia con emperadores y las curaciones, sino también la vida interior de Hildegarda: su relación con Dios, su amor por la naturaleza, su sentido de la música y su sabiduría para sanar con plantas. Tancredi logra dar vida a esta figura tan compleja y carismática con una fusión hermosa entre misticismo, ciencia medieval y relaciones humanas.
El relato está muy bien documentado; además, se siente muy cercano: Hildegarda no es idealizada hasta convertirse en un ser lejano, sino que es retratada con sus vulnerabilidades, sus dudas y su gran fortaleza espiritual. Para el lector contemporáneo, su historia inspira admiración y asombro ante lo divino y también ante sus conocimientos científicos.